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El ejercicio de alta intensidad favorece las lesiones vasculares a largo plazo

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MADRID, 05 (SERVIMEDIA)

Un estudio liderado por investigadores del Hospital Clinic de Barcelona y el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps) concluyó que el ejercicio físico de elevada intensidad daña las arterias aórtica y carótida, dilatándolas e incrementando su rigidez frente al ejercicio moderado que ayuda a reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Según informó este viernes el centro de investigación, la práctica de ejercicio de alta intensidad favorece la aparición de patologías coronarias, es decir, alteraciones en las arterias que suministran sangre, oxígeno y nutrientes al corazón.

En este sentido, el cardiólogo del Hospital Clínic de Barcelona y jefe del grupo Arritmias y actividad física de Idibaps, el doctor Eduard Guasch, explicó que “no disponemos de muchos datos, hecho que dificulta establecer una relación de causa-efecto, por el riesgo de sesgo y la posibilidad de factores de confusión. Sin embargo, parece que la prevalencia de estas enfermedades aumenta en aquellas personas que corren maratones o practican deportes extremos o de alta intensidad durante muchos años. No obstante, no sabemos por qué ocurre esto”.

Ahora, el doctor Guasch y su equipo lideran un estudio, publicado por la revista ‘Journal of American College of Cardiology – Basic to Translational Science’, que evalúa el efecto del ejercicio intenso en un modelo animal. Investigadores de la Universidad de Barcelona, ​​el Instituto de Bioingeniería de Cataluña y el Hospital Sant Joan de Déu también han participado en el trabajo.

MODELO ANIMAL

El estudio se llevó a cabo en un modelo animal para poder controlar de forma precisa la intensidad del ejercicio durante largos períodos de tiempo. Las ratas macho utilizadas en los experimentos se dividieron en tres grupos. El primero siguió un régimen de ejercicio moderado, que reproducía un estilo de vida activo, mientras que el segundo se sometió a una rutina de muy alta intensidad, similar a la de los deportistas extremos. Finalmente, el tercer grupo de animales, el sedentario, permaneció en las jaulas.

“El entrenamiento, con una cinta de correr para roedores, duró 16 semanas, equivalente, de forma muy orientativa, a unos 10-12 años de ejercicio en humanos. Transcurrido este tiempo, analizamos la rigidez y la estructura de la arteria aorta, así como su función endotelial. Este último parámetro es un marcador precoz de aterosclerosis, o endurecimiento de las arterias, la principal causa de infartos de miocardio”, señaló el doctor Guasch.

MAYOR RIGIDEZ

De acuerdo con los resultados, en comparación con un estilo de vida sedentario, el ejercicio físico de elevada intensidad dilata e incrementa la rigidez de las arterias aórtica y carótida. Asimismo, también aumenta la rigidez de las células y favorece la rotura de las láminas elásticas de las paredes de los vasos sanguíneos.

“Estos efectos, sin embargo, no se observan en el caso del ejercicio moderado”, puntualizó el investigador. “En cambio, tanto el ejercicio intenso como el moderado mejoran la función endotelial, aunque la intensa actividad parece alterar el equilibrio entre los procesos de dilatación y contracción de los vasos sanguíneos”.

El equipo de investigadores también identificó algunos de los mecanismos implicados en este remodelado vascular, que permanecía hasta cuatro semanas después de detener la actividad física.

“A pesar de las limitaciones de utilizar un modelo animal, nuestros datos sugieren que el ejercicio intenso no causa directamente la aterosclerosis, sino un proceso distinto, similar al envejecimiento vascular. Además, este tipo de actividad podría reducir también los beneficios del ejercicio moderado”, concluyó el doctor Guasch.


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